El consumo de energía contribuye de manera significativa a los costes operacionales de toda estación depuradora de aguas residuales (EDAR) por lo que su minimización tendiendo a lo que se conoce como depuradoras energéticamente autosuficientes resulta prioritaria. Para ello, además de "consumir menos" hay que "producir más". En este sentido, resulta clave la digestión anaerobia de fangos primarios y secundarios, donde la materia orgánica es parcialmente transformada en biogás y finalmente convertida en energía mediante unidades de cogeneración (CHP). Sin embargo, estas mejoras en la producción de energía conllevan la generación de corrientes secundarias con un alto contenido en nitrógeno que tradicionalmente han sido redirigidas a cabeza de planta y tratadas junto con la corriente principal. Estas corrientes, que pueden llegar a constituir hasta un 20-30% de la carga de nitrógeno influente, desestabilizan el funcionamiento de las EDAR debido principalmente a una disminución de la relación C/N. Esto hace que en muchos casos sea necesario incrementar los requerimientos de aireación y los volúmenes anóxicos/aerobios, y/o añadir una fuente externa de C en una etapa de post-desnitrificación. Estas acciones pueden resultar muy costosas e incluso imposibles si el espacio es limitado (Lemaire et al., 2011).